Diseno sin titulo 1

1er premio «Me atrevo con palabras»

En el año 2017 participé del VI Concurso Literario y Poético «Me atrevo con palabras», de Murcia, España y mi relato fue galardonado con el primer premio.

Comparto con Uds. el cuento y dejo el link al anuncio oficial en Facebook:

https://www.facebook.com/colectivo.noteprives/photos/a.439053446158057/1478425272220864/?type=3

«Bailando entre dos mundos»

La caravana avanzaba y ella, él a los ojos de muchos, bailaba sobre la carroza. A su lado, una mujer de grandes proporciones encerraba su cuerpo en cuero ajustado y su cabeza estaba coronada por una peluca con los colores de la comunidad. Desde abajo el público aplaudía, silbaba y vitoreaba a todos y a todas. Mostraba más piel que ropa, riendo en ese ambiente festivo donde podía ser quien era, donde podía liberarse y bailar y bailar y bailar.

Se le escaparon lágrimas, de alegría porque en ese momento era ella misma tanto por dentro como fuera… y de tristeza pensando en La Mele que había recibido otra golpiza solo por tener cuerpo de hombre en un alma de mujer.

Desde la carroza llovían collares baratos, caramelos y condones a la multitud que alzaba las manos como si repartieran oro. Un hombre de cuerpo escultural bailaba en slip a milímetros suyo, mojándola con aceite y sudor mientras la caravana seguía su lenta marcha.

Una cámara la enfocaba mientras se movía sobre un océano de colores encerrados en banderas. Ninguna cámara enfocó su cuerpo el día que la violaron tres hombres que le decían “maricón de mierda”.

Otra lágrima escapó de sus recuerdos y cayó sobre el público que la recibía con afecto y alegría.

Miró el color rojo y a dos hombres besándose allí, en un lugar donde nadie los miraba con asco o miedo; también vio la sangre de todos aquellos que fueron golpeados por no tener los gustos de la mayoría.

Miró el naranja y dos mujeres tomadas de la mano, sonriendo, amando, siendo amadas; también vio las burlas, la brutalidad masculina que no aceptaban ser puestos de lado.

Miró el color amarillo y vio a dos chicos y un chica, a dos mujeres y a un hombre, pero por sobre ellos vio el amor que compartían todos por igual; también vio las lágrimas acariciando rostros rechazados, tildados de degenerados y anormales.

Miró el verde y se vio a ella misma reflejada en cientos de espejos. Tantas mujeres en cuerpos equivocados, tantos cuerpos equivocados en almas tan definidas; también vio las miradas esquivas cuando buscaban trabajo, las burlas cuando dudaban frente a un baño, no por no saber cuál les correspondía, sino porque nadie más parecía saberlo…

Miró el color del cielo y del mar y vio a hombres y mujeres que se amaban entre ellos y no por eso se creían más normales que quienes se amaban entre hombres o entre mujeres; también vio la inseguridad y el miedo, la falta de información y la violencia que todo eso provocaba.

Y finalmente vio el color púrpura y vio que todos eran humanos, ni más ni menos, sin etiquetas, sin definiciones, sin otra búsqueda natural que amar y ser amados… Y también vio las etiquetas colgando de los pies muertos, asesinados por no encajar entre los que se proclaman “normales”.

Bailó porque ese era un día para bailar, así como era un día para recordar. Para que las alegrías y las tristezas danzaran expuestas ante un mundo aún tan ciego y dormido.

Bailó y bailará como siempre lo hizo, porque la memoria y el orgullo se llevan toda la vida.

“En un mundo que nos educa para la vergüenza, el orgullo es una respuesta política”
Carlos Jauregui

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