El Old Man
Ante la posibilidad de ganar un dinero extra, Álvaro, dueño de una empresa de seguridad privada, decide trabajar para el Sr. Toro, un misterioso hombre acompañado por sus guardaespaldas que lleva a cabo un extraño negocio en Buenos Aires. Pero las cosas se complican y la vida de Álvaro y sus allegados corren grave peligro.
Ningún trabajo es fácil
Todos Hablaban de Fútbol
Tengo casi sesenta años, un poco de sobrepeso y cada vez que como una hamburguesa con cheddar y panceta –bacon para el idioma de hoy— espero que me fulmine de un infarto.Antes de dedicarme a la seguridad privada, fui policía. Aunque me recibí con honores, nunca pasé de ser un…
Mear fuera del tarro
Se presentó en mi oficina muy bien vestido. Tenía barbita candado, un arito en la oreja y una sonrisa que aprobaría nueve de cada diez dentistas. Como muchos en estos días, tenía rapado el costado de la cabeza y se había dejado el pelo un poco más largo por arriba…
El señor Toro
Me reuní con el señor Toro en lo que él llamó “su laboratorio”.Me presenté esperando montones de personas en bata usando lentes. Muchos frascos, tubos y sustancias que iban cambiando de color y echaban humo cuando se mezclaban.Lo que me encontré fue una oficina común y corriente en pleno centro…
Primer día
Me presenté media hora antes de lo convenido. El señor Toro alquilaba un piso entero de un edificio en calle Florida, plenomicrocentro. Tres departamentos en total. Esa mañana caminé por la peatonal escuchando el canto de los llamados «arbolitos» ofreciendo dólares, euros y reales al grito de «¡cambio!». Como siempre, la…
Día dos
El día siguiente fue similar. Logré que Steven y Phill me sonrieran un poquito al verlos, lo cual es mucho decir. Steven es un tipo grandote con corte militar y rostro lampiño, mientras que Phill es más alto, calvo y de barba turca. A diferencia de Toro, no usan trajes a medida, por lo…
Dormir en los laureles
La sangre dejó de manar, pero el dolor persiste, como un aguijón que aún sigue inoculando su veneno. Me arrastro dejando huellas, manos de sangre dignas de una película de terror o de una cueva en los albores de la humanidad. Tengo que moverme, actuar, detenerlos. Si no me hubiese…
El tercer día
El tercer día que trabajé para Toro fue el que hizo que las alarmas empezaran a sonar. Me presenté en su despacho de calle Florida como los días anteriores. Llegué un poco más temprano gracias a que tuve suerte con el subte. Fui con mis mejores pilchas, pero aun así parecían sacadas de la…
Claudia
La reunión fue un poco más larga que las anteriores. Pude escuchar varias veces que se levantaba el tono, pero no alcanzaba a oír lo que decían. El primer viejo al que visitamos podía tratarse de un empresario; el tipo de Castelar, con mucha imaginación, también, pero una pareja con un hijo en…
Sentir
Con el arma de reserva en mi poder me siento un poco más tranquilo. Entro al baño y me lavo las manos. Tengo tres cortes y ninguno parece demasiado profundo, pero se vuelven a abrir cada vez que las muevo para algo. Muevo los dedos y el pulgar no responde del todo, así que puede que…
Cuarto día
Cuando me levanté esta mañana para ir a lo de Toro no tenía ni idea de que todo se iba a ir a la mierda. Ayer ya me habían quedado algunas cosas en la cabeza. Algunas de las preguntas de Claudia, otras propias. Fueron fáciles de acallar porque el trabajo parecía simple…
Directo al matadero
Salimos de la oficina como siempre, pero solo en apariencia. Los humores estaban raros. La tensión se sentía en el ambiente. Miradas de reojo, manos inquietas y esas cosas. Llegamos al garaje y Steven trajo el auto como siempre. Phill entró junto a Toro, quedando el grandote en el medio. No era el…
Deducciones y una visita nocturna
Me despedí del señor Toro y los demás con un saludo al aire y salí del departamento. Caminé por el pasillo hasta llegar al ascensor, pero seguí y comencé a bajar por las escaleras, ya que no quería perder ni un segundo. Todavía no sabía nada de nada pero no era…
Yo solo pasaba por aquí
Me detengo en parque Lezama. Es de noche y se me ocurren, así al vuelo, alrededor de un millón de lugares más seguros donde parar a pensar, pero no importa, ahora ya no importa. O sí… no sé. Sea como sea, no importa tanto como para molestarme en ir a otro lado. Ya estoy hasta el…
La carrera
Las llamadas
Con las manos vendadas que no dejaban de picarme, me pregunto qué carajo tengo que hacer. Mejor dicho, me pregunto cómo hacerlo. Ahora que mis heridas están cerradas y perdí mi toque del Midas del subdesarrollo, que en vez de convertir las cosas en oro con mitoque, las vengo convirtiendo en cosas asquerosas…
El cerrajero
Salgo de mi oficina tras una breve charla con mi ex. Ninguna sorpresa en este caso. Me puteó en todos los idiomas y me culpó hasta del agujero en la capa de ozono y las locuras de Trump en el Norte del continente. Me es imposible recordar lo que era amarla ¿Cómo pueden cambiar tanto…
“Es que Toro es un boludo”
Calle Florida de noche es otro mundo. Lo que durante la mañana es un hervidero de ruido y actividad, de noche se transforma en un lugar oscuro, silencioso y amenazador. De día hay tanta gente que muchos temen que les roben sin siquiera darse cuenta. Pero de noche el miedo…
Una lista, dos opciones
Me separé de Rengo tras darle las gracias por el favor. Pese a lo imbécil que puede ser y a lo mucho que se va de boca, lo cierto es que sin él ni hubiese podido entrar ni hubieratenido los huevos de llevarme la computadora. Vine derecho a casa. Veo el wisky cubrir…
La Young Woman
Suena el despertador. Me levanto. Estoy vestido con la ropa que tenía ayer. Los vendajes de las manos están corridos y manché un poco las sábanas con sangre. No me acuerdo ni cuando me acosté. Al pensar en el día que me espera, sé que tengo que intentar advertir a las personas…
Silvina Rago
Me tomo lo que queda del café. Todavía no hay rastros de Toro. Decido cruzar y advertirle. Aunque me crea un loco es mejor que quede alerta, con un poco de suerte puedo hacerla desconfiar lo suficiente como para no aceptar nada de lo que le de ese hijo de…
La llamada
Me quedo parado hasta perder a Silvina de vista, me siento impotente. Solo queda esperar que no caiga en la trampa de Toro. Empiezo a caminar rumbo al garaje pensando en qué puedo hacer a continuación. Tal vez visitar a las anteriores víctimas y ver si reconozco algún modus operandi que me…
Segundo Round
Me meto el celular en el bolsillo, intentando en vano no pensar en Carla, mi ex. No puede ser que Toro la haya secuestrado ¿no? Espero que no. Siento que el celular vibra en mi bolsillo; un mensaje. Lo saco y es de nuevo de un número desconocido. Lo leo: «Señor Álvaro, voy a…
El hombre de los mil recursos
Gracias a mi trabajo y a que fui policía en mi juventud, las declaraciones y demás solo toman un par de horas. Con los contactos que todavía tengo, no tendría que haber estado retenido ni diez minutos, pero Steven había quedado bastante mal. Al parecer una de las costillas rotas le…
La noche
Me bajo del coche y comienzo el camino a casa. No me gusta admitirlo pero estoy tenso, nervioso. Cagado en las patas sería más preciso. Las sombras, que fueron compañeras en mil noches de guardias, me parecen peligrosas, capaces de ocultar a mis peores enemigos. Putas traicioneras. Me paro frente…
Segundo puesto
Me despierto antes de que salga el sol. Pasé la noche para el orto. Me levanté como treinta veces. Cada puto ruido que se escuchaba o que me inventaba, me imaginaba a Phillipe o a Toro tratando de emboscarme. Ni siquiera pude disfrutar de la ducha. Encima, cada vez que logré dormirme, soñé…
Respuestas
La boca del lobo
Me peino frente al espejo. Si mis ojos fueran puertas, mis ojeras serían alfombras de bienvenida demasiado grandes. Me paso la lengua por los dientes y aun la siento resentida por la quemadura del café, pero los dientes están firmes. Odio soñar que se caen y pasarme el día con temor a encontrarlos…
Hablando se entiende la gente
Llego a la calle Florida más tarde de lo normal y como un estúpido lo que se me pasa por la cabeza es que estoy llegando tarde. Nos condicionamos tan rápido en ser ganado, en repetirnos. Sería lindo decir que la rutina y las costumbres nos dan la posibilidad de…
Un golpe de suerte
En la mesa el café larga volutas de humo que se deshacen en el aire casi enseguida. El sol entra por la ventana del barcito. Afuera la calle está tranquila, tanto que cuesta creer que estemos a solo a un par de cuadras del maratón de calle Florida. Tengo el…
El negocio de la muerte
El asiento frente a mí está vacío. Las dos tazas de café con restos fríos. La cuenta ya está paga y el segundero de mi reloj gira y gira sin pausa. Puedo sentir cada movimiento que hace. Me levanto y todo me da vueltas. Me agarro de la mesa para no caerme. El…
Ladrón que roba a otro ladrón
El taxi frena en la vereda de en frente al local de Rengo. A simple vista todo parece normal, pero las primeras impresiones engañan. Tengo un mal presentimiento. Siento que llegué tarde. Algo está mal. Lo sé. Le pago al taxista y me bajo sin esperar el vuelto. Escucho que agradece y…
Un gaucho de los buenos
El policía y su compañero, que resultó ser un hombre bastante gordo de tez oscura, se marchan una vez que tienen todo anotado. Me dejan solo no sin antes decirme que se van a comunicar conmigo y que van a mandar otro patrullero para que vigile la zona. Los de…
Para hacer las cosas hay que hacerlas bien
Le doy al botón de la flechita para enviar el mensaje. No es un botón en realidad, toda la pantalla lo es. No entiendo como hacen para que el teléfono sepa qué letra estoy tocando. Si lo giro y toco el mismo lugar sale otra cosa. Es increíble. Debe ser…
La Iglesia
Soy cristiano del mismo modo en que soy de géminis. Cuando tengo un diario al alcance, leo mi horóscopo, pero no le suelo dar bola. No sé lo que es un ascendente ni nunca me interesó hacerme una de esas cartas astrales. Con la religión me pasa más o menos…
Noticias
Salgo del templo. Los otros siguen ahí, no se movieron. ¿Rezan? ¿Escapan? Mi lista fue larga, pero cuando se habla con Dios o una mujer, lo único que importa es decir «perdón». Si uno no sabe por qué lo está pidiendo, lo cierto es que cualquiera de ellos dos sí lo va…
Diecisiete horas de vida
El último despertar
Abro los ojos. La habitación sigue a oscuras. Siento el pánico abrirse paso a través de mi estómago. Quiere apoderarse de todo mi cuerpo, pero mis ojos se están adaptando y veo el perfil de mis miedos en gamas de grises. Carraspeo. Escucho que la ciudad ya está despierta. Soplo…
Ataque frontal
Uno pensaría que el saber cuándo vamos a morir nos da cierta libertad. No hablo del destino. Tengo turno con la muerte y soy el próximo en la fila, pero eso no me hace inmortal. Podría pegarme un tiro y ya, pero me gusta pensar que me chuparían un huevo…
Uno menos
Abro la cuarta caja. Me preocupa lo que puede estar pasando en la cocina del otro departamento. Esleva tenía razón cuando dijo que no queríamos quemar el edificio. —Voy a chequear el horno. ¿Terminás con esto? —le pregunto. Ella asiente sin siquiera mirarme. Me dirijo a la puerta y pienso en lo que está…
El principio del fin
Estoy ciego. Por eso Steven se ríe. El grandote tiene un brazo enyesado, un par de costillas en mal estado de nuestra segunda pelea, y ahora su nariz es un desastre gracias a un certero martillazo. Igual se ríe. Porque yo estoy ciego, a su completa merced. Apoyo las dos…
Lugar de encuentro
Vuelvo a abrir el cajón, sigue tan vacío como unos segundos atrás. No puedo encontrar nada que me indique dónde puede estar Toro. Ni un solo indicio. Estoy en blanco. No sé qué hacer, cómo seguir. Hay algo raro en el ambiente, algo que no logro definir. Giro y veo que Esleva me mira…
Viaje
Le dejé el arma de Steven a Esleva. Yo ya tengo una. Escuchó toda la charla telefónica con Toro y, aunque le di las gracias y le dije que podía irse, que la había cubierto para que no tuviera problemas, se negó en redondo. Quiere participar. Al colgar perdí el olfato por…
Cementerio
Cruzo el arco gigante del cementerio de Recoleta. Es día de semana y todavía es temprano, así que no hay casi nadie, algún que otro grupo de turistas siguiendo un banderín que los lleva de tumba en tumba por los personajes más relevantes de la historia Argentina. Nunca hice un tour así. Ahora se me ocurre…
Toro
Esleva me dice que nos vayamos. Phill está muerto o inconsciente, no estoy seguro. Con ella como guía, nos alejamos del cuerpo. Igual, con la pinta que debo tener, seguro que caigo por sospechoso en segundos. —Te vi de casualidad —me dice ella. —Menos mal —respondo—. Dejame acá. Separate. Encontremos a Toro separados a ver si podemos emboscarlo…
El mago
Mi teléfono vibra. Lo agarro con mucha torpeza ya que la insensibilidad de la mano se extendió a ambos brazos. Es un mensaje de Toro: “Parece que desarrolló el síndrome de Estocolmo”. Mientras lo leo me llega una foto de Esleva tirada en el suelo inconsciente o, Dios no quiera, muerta. Espero…
