La Young Woman
Suena el despertador.
Me levanto. Estoy vestido con la ropa que tenía ayer. Los vendajes de las manos están corridos y manché un poco las sábanas con sangre. No me acuerdo ni cuando me acosté. Al pensar en el día que me espera, sé que tengo que intentar advertir a las personas a las que Toro todavía tiene que visitar. Al otro grupo, el que ya recibió la droga, solo voy a lograr amargarle la vida y no voy a sacar nada que me ayude a hacer algo. ¿Qué me pueden decir? ¿El tipo de mentiras con las que cayeron?
Me voy al baño y me limpio las heridas, los hilos sobresalen, se ven desprolijos y desagradables, pero es un buen laburo. Vi muchas suturas en mi carrera y éstas son buenas. Me cambio el vendaje. Abro el placard, adentro tengo una mochila enorme en la que puedo meter el portafolio y la computadora. Voy a la caja fuerte y agrego también los papeles. Pesa una tonelada, pero bueno, es lo que hay. Antes de guardar todo, saco los papeles que informan sobre los nombres en la lista. La Young Woman se llama Silvina Rago, tiene veintidós años, vive en San Telmo y es instructora de yoga, aerobox y zumba. En el folio hay algunos datos sobre familiares, que son pocos, algo sobre sus costumbres y hobbys.
Con un resaltador amarillo remarcaron que es vegana y las vitaminas que consume más allá de su dieta.
¿Para qué marcaron eso? Yo no soy vegano, me gusta la carne como a todo buen cristiano. ¿Será que necesitan probar lo que nos están dando no solo en diferentes edades, sino en diferentes dietas? Ojeo un poco los otros folios y no veo que estén marcadas las comidas que consumen, así que probablemente solo se trate de un medio de entre, para engañarlos a que consuman lo que sea que les den. Silvina es vegana y consume vitamina b12. Seguro que así como a Ester le daban un anti edad, a Rago le van a decir que le ofrecen un complejo vitamínico no testado y cien por ciento vegetal.
Lo que es seguro es que acá sentado no voy a averiguar nada.
Salgo de la casa y camino al garaje. No me gusta mucho manejar. Nunca me gustó. Me pone de mal humor, sobre todo en Capital. Pero tengo que tener un lugar donde dejar la mochila y un medio de transporte propio en caso de que haya apuros de algún tipo.
Entro al garaje. El empleado levanta la vista y me saluda. Le devuelvo el saludo mientras me da las llaves; siempre las dejo por las dudas. Toco el botón de la alarma y veo que se prenden las luces y suena la bocina. Tengo un Vectra color bordó brillante. Abro el baúl, meto la mochila y muevo los hombros que crujen para acostumbrarlos a la libertad. Pongo algunas cosas encima de la mochila para que no se la pase yendo de un lado a otro cada vez que gire y cierro el baúl.
Miro la hora, es temprano. Calculo que Toro estará por llegar a su oficina en cualquier momento. ¿Qué va a hacer cuándo vea lo que hice? Me gustaría estar ahí para verle la cara al muy hijo de puta. Va a saber enseguida que el ladrón fui yo. ¡Hasta le dejé una tarjeta mía al de seguridad! Está bien que sepa que su visita y sus amenazas no me hicieron quedar en un rincón con la cola entre las patas.
¿Qué van a hacer con Silvina Rago? ¿Van a ir por ella? Todavía no sé qué está tramando, pero si me dejó vivo y suelto debe ser porque cumplir con su experimento y su itinerario es de mucha importancia. Cuento con eso.
Manejo hasta San Telmo y estaciono en un garaje no muy cerca de la casa de Rago. Toro sabe todo lo que hay que saber de mí, dónde vivo, que coche uso, cuántos empleados tengo… No puedo dejar el auto en la calle. Le pido al pibe del estacionamiento que lo deje cerca de la puerta ya que cuando vuelva voy a estar apurado. Le tiro un par de mangos para que no se le olvide. Le pago también media jornada por adelantado. Me gustaría pagar con los dólares falsos, pero es muy arriesgado. No es normal que alguien pague con dólares y seguro que los van a revisar mucho. Hay que ser muy boludo para no hacerlo… Si lo sabré.
Camino por las viejas calles, tan cargadas de historia y de historias. Mi abuelo trabajó unos años en el mercado, cuando yo era muy pibe. En más de una ocasión el viejo me traía a este barrio solo para contarme cómo era todo en su época. Como la mayoría, era de los que decían que el pasado era otra cosa, mucho mejor. Yo creo que si hubiera estado tan bueno, la humanidad no se la pasaría cambiando. Si el tata viera el mercado como es hoy, se muere de nuevo.
Llego hasta la dirección que figura en el folio de Silvina Rago. Camino por la vereda de enfrente; no veo el coche de Toro por ningún lado, lo más probable es que esté en el garaje, como el mío. Justo frente a la casa de la Young Woman hay una cafetería. Me meto y elijo una mesa que me permita observar sin estar muy expuesto.
Tendría que haber traído el folio de la mujer, me hubiera sido muy útil para convencerla de que Toro es un mentiroso. Tal vez debería cruzar y advertirle, pero prefiero esperar, que hagan contacto, que la mujer tenga en su poder lo que sea que Toro quiera darle. De última, puedo irrumpir cuando él esté presente y agarrarlo con las manos en la masa. Que sea su víctima la que llame a la policía. También podría llamar yo mismo, ahora. Tengo algunos contactos que seguro me escuchan y me hacen uno o dos favores. Sería lo sensato. Enfrentar a Toro y a sus gorilas es una locura, pero bueno, ¿qué cosa a esta altura no lo es?

