Vagamundos 01 Imagen para El Old Man scaled

Claudia

La reunión fue un poco más larga que las anteriores. Pude escuchar varias veces que se levantaba el tono, pero no alcanzaba a oír lo que decían. El primer viejo al que visitamos podía tratarse de un empresario; el tipo de Castelar, con mucha imaginación, también, pero una pareja con un hijo en un hotel de mala muerte no me lo tragaba ni en pedo. Igual seguí haciendo mi vigilancia. No me gusta que me mientan, menos en el laburo, pero por el momento solo podía seguir haciendo lo que me correspondía.

Cuando Phill y Toro salieron, los pies me estaban matando de tanto estar parado sin casi moverme. Di un suspiro de alivio cuando bajamos la escalera y vi que el Audi estaba en la puerta del hotel esperándonos. Volví con Toro hasta su oficina y acto seguido me fui a la mía a ponerme al día con algunas cosas. Había dejado a cargo a Roberto Ayala, que es un socio más que un empleado. Es un tipo de diez al que supervisar es más una cuestión de jerarquía que de necesidad. Roberto es quien lleva los libros, lo hace mejor que yo, incluso. Su letra y prolijidad seguro que hizo babear a todos los profesores que tuvo en la vida.

Como había supuesto, al llegar a mi oficina, no encontré casi nada que hiciera faltaque yo atendiera. Todo estaba organizado por lo que me dediqué a ver si mis muchachos estaban haciendo bien las cosas. Básicamente se trataba de ver si no habían matado a nadie por accidente o se habían dejado matar por boludos. Después de eso me puse a jugar al buscaminas hasta que llegó Claudia.

Vestía camisa blanca y pantalones negros. Parecía una camarera, efecto que el pelo recogido con firmeza acrecentaba. Le dije que estaba hermosa y le pregunté por sus cosas.

—¿Qué es eso del viaje? —me preguntó sin responder a nada—. ¿Es en serio? Mamá casi se vuelve loca.

—Sí. Me llamó —le dije. Admito que con cierta malicia—. Lo del viaje es en serio siempre y cuando no te traiga líos y tu mamá esté de acuerdo.

—Sola no me va a dejar ir ni en pedo — e quejó.

—¿No tenés ninguna amiga con la que ir?

—Sí, claro, montones —respondió, irónica—. ¿Vos viste como están las cosas? ¿De dónde van a sacar guita para un viaje mis amigas?

—Bueno, el viaje no tiene que ser mañana —le dije—. Tengo un cliente nuevo que me está pagando en dólares, así que como van las cosas, en unos meses tal vez te sirva para el viaje y algo más, ¿no? Sin contar con que vas a tener más tiempo para suavizar las cosas con tu madre.

Se interesó por el cliente y le conté todo lo que había pasado con el señor Toro y sus gorilas escoltas. Le aseguré que no había mucho peligro en el trabajo y que como lo hacía por mi cuenta, podía destinar todas las ganancias a lo que yo quisiera. Hablamos casi una hora en la que ella hizo un montón de preguntas de las que yo tendría que haberme hecho, pero le respondí con las vaguedades de quien no quiere pensar demasiado una respuesta.

Cuando se fue, tras una charla record en nuestros registros padre e hija, estaba entusiasmada con las posibilidades. Me gusta haberla hecho feliz, aunque fuera solo con fantasías.

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