La llamada
Me quedo parado hasta perder a Silvina de vista, me siento impotente. Solo queda esperar que no caiga en la trampa de Toro.
Empiezo a caminar rumbo al garaje pensando en qué puedo hacer a continuación. Tal vez visitar a las anteriores víctimas y ver si reconozco algún modus operandi que me permita desenmascarar más fácil a Toro ante las personas que aún le quedan por visitar.
Supongo que lo mejor que puedo hacer es buscar a Rengo, agradecerle por lo de ayer, pedirle que me abra el portafolio y me recomiende alguien para hacer andar la computadora.
Entre esas dos cosas, con algo de suerte, voy a poder juntar más evidencias y encarar a las próximas victimas con más pruebas.
Mi teléfono vibra y atiendo.
—¿Hola? —pregunto al ver que el número es desconocido.
—Señor Álvaro —es la voz de Toro—. Se estuvo portando mal.
—¿Usted dice?
—Vamos a hacer las cosas simples —me dice—. Usted sigue vivo porque tiene valor en mi pequeño experimento, pero no crea que es una pieza clave ni mucho menos. Es sólo un dato más.
—Qué bueno —le digo y me meto en el mercado.
—El problema, amigo mío, es que en sus travesuras se llevó algo que me es muy importante recuperar.
—¿Ah sí? ¿Qué? ¿Y de qué nivel de importancia estamos hablando?
—Lo suficiente como para dejar una pila de cadáveres con su familia y amigos —me dice—. Por eso le recomiendo que se pase por la oficina y traiga todo lo que se llevó antes de que otro sufra las consecuencias.
—No me convence, señor Toro —digo—. Hasta donde veo, el que tiene las mejores cartas soy yo. Así que a quien le corresponde poner las reglas es a mí.
—Tengo un portarretratos que cuenta otra historia, señor Álvaro —dice, y puedo adivinar su sonrisa—. No tome decisiones que le hagan arrepentirse. Nunca se sabe si hay tiempo suficiente para arreglarlas.
—Puede amenazar a mi hija todo lo que quiera —le digo—. Ese retrato es la única forma en que la puedo ver. Aunque quisiera ni yo sabría encontrarla. Si quiere le puedo dar la dirección de mi ex y a esa sí le pueden hacer lo que quieran.
—No, gracias, a su ex mujer ya la tenemos —dice y cuelga.
Marco el número de mi ex de inmediato.
Suena.
Suena.
Nadie atiende.
Mierda.

