Inocencia
Roberto necesitó un par de llamadas para que el agente de policía entendiera que podía hablar del caso con él sin restricciones. Le explicó su relación con la señora Villalba y que,aunque a los ojos del mundo era solo un civil sin autoridad alguna, tenía suficientes contactos y favores a cobrar como para ser pasado por alto.
—Entiendo quién es usted y entiendo mejor quienes son sus amigos —dijo el policía no muy contento.
Mauro sintió que la molestia del agente no estaba centrada en el hecho de tener que dar parte a un civil, sino que a ojos de sus superiores, ese civil esgrimía más autoridad que él.
—Pero le aseguro que sin importar las razones que usted tenga contra el señor Villalba, el hombre es inocente —concluyó el policía.
—Es el único beneficiado con la muerte —explicó Roberto.
—Por eso mismo fue nuestro principal sospechoso —dijo el policía con un tono como el que se usaría para un niño chiquito—. Pero el señor Villalba tiene una coartada y ya la chequeamos.
—Tal vez no lo hizo él en persona —comentó Mauro—. Digo, pudo mandar a alguien. Sabemos que recursos no le faltan.
—Si. Revisamos y seguimos revisando todos sus activos —respondió el agente—. No encontramos ningún movimiento sospechoso de dinero. También revisamos su teléfono y sus computadoras. El hombre está limpio.
—Limpio como un chiquero de cerdos —bufó Roberto—. ¿Cuál es su supuesta coartada?
—Estaba en el subte cuando ocurrió. Revisamos las cámaras y se lo ve subiendo, haciendo combinación, y bajar en Parque Chas —dijo el agente, sonriendo—. Fue a una panadería que le gusta mucho. Uno de los empleados lo reconoció, tanto en una captura de pantalla de las cámaras del subte como en otra foto que le mostramos. Aun no descartamos la posibilidad de que haya contratado a alguien, pero la escena del crimen responde a un robo que salió mal.
—No, no. Lo hizo Villalba, seguro —renegó Roberto.
—A menos que pueda estar en dos lados a la vez, lo dudo mucho —dijo el policía.
—¿Podemos ver la escena del crimen? —preguntó el viejo.
—Claro que no, pero supongo que no será un impedimento tras unas llamadas —dijo el agente—. Igual le aviso que los peritos y los forenses ya limpiaron casi todo el lugar. No creo que quede nada para ver. Lo que le puedo ofrecer es que se pase mañana por la comisaría y le eche una mirada a las carpetas del caso.
—¿Mañana a qué hora? —preguntó Roberto.
—Calculo que para antes del mediodía ya tienen que estar armadas —dijo el policía como si pensara en voz alta—. Puede que no estén los resultados de la autopsia, pero a menos que se dé el improbable caso de que salga algo en los informes toxicológicos, la causa de la muerte es bastante evidente.
—¿Y cuál sería? —preguntó Kolmann.
—La ahorcaron.

