Testarudo
—Que mierda —dijo Mauro rompiendo el silencio que se había formado desde que se fuera el policía—. Pobre mujer.
—Vamos a hacer justicia en su nombre —dijo Roberto—. Gabriel Villalba no va a salir impune de su crimen.
—Si es que fue él —dijo el custodio.
—Fue él —zanjó el viejo.
—No sé, su coartada parece bastante sólida.
—Igual que su imagen general —dijo Roberto—. Pero es pura fantochada. No se trata de descubrir quién mató a la señora Villalba, se trata de averiguar cómo carajos lo hizo el esposo.

