Lo que somos
—La fiesta estuvo buena. No conocía a muchos de los que estaban, pero Ximena me presentó a un pibe re-macanudo.
—¡Uh, me la re perdí! Pero no me pude ir de casa, mis viejos estaban re hincha pelotas y no había forma de escapar. Por suerte vinieron mis primos y no la pasé tan mal.
—¿Y tu novio?
—Pasó un ratito a saludar. Pero ya había quedado con los amigos y yo no iba a raptarlo. Era al pedo, se iba a aburrir como un condenado en casa.
—Y sí, con tus viejos y toda tu familia ahí…
—¡No boluda! En casa no lo dejaría hacer nada. No da.
—¿Por?
—Porque mis viejos me matarían y no me voy a arriesgar. Además, como él vive solo…
—¡Cierto! Preguntale si tiene amigos con auto y que vivan solos.
—Ahí viene el bondi, paralo.
—Prestame un peso que esta moneda de mierda me parece que es re trucha.
—Dale, pero después acordate que ya me debés como diez pesos.
—¡Uh! ¡Qué baranda!
—Sí, se acaba de bajar un linyera. ¿No lo viste?
—¡Qué hijo de puta, el olor!
—Vamos al fondo y abramos las ventanillas.
—¡Mirá lo que me encontré!
—¿Qué?
—¡Una moneda de la amistad!
—¿En serio?
—Sí, mirá.
—¡Qué culo, boluda!
—Estaba en uno de los asientos.
—¿Y si era del linyera?
—Mmmm, no sé. Tiene olor impregnado, pero ¿qué va a hacer un linyera con una moneda así?
—¿Me das la mitad?
—No, se la voy a dar a mi novio.
—¡Qué turra!
—¿Por?
—Yo soy tu amiga, ¿no? Me la tendrías que dar a mí.
—Vos sos mi amiga y tendrías que entender.
—¿Entender qué? ¡Si soy yo la que siempre te escucha llorar cuando te peleás con ese pelotudo!
—Si tanto te molesta no lo hago más.
—No es que me moleste, boluda. Pero parece que no lo aprecias. Se supone que soy tu mejor amiga y vos no hacés nada para que así sea.
—¿Tanto lío por una monedita? ¿Tanto significa?
—No es la moneda, pero siempre es lo mismo. Te encontrás una moneda de la amistad y se la das a tu novio. Te comprás un vestido nuevo y se lo prestás a Ximena. Y después venís y te la pasas criticándola porque no te devuelve las cosas o porque mira a tu novio con ganas. Siempre es lo mismo. Cuando yo tengo que decirte algo te lo digo, cuando tengo algo para compartir lo comparto con vos antes que con nadie, cuando se acercan las fiestas siempre ahorro para tu regalo antes que para el de cualquier otra persona.
—¿Y ahora me lo echás en cara?
—No es echártelo en cara, pero al parecer la única que se preocupa por esta amistad soy yo, porque vos no hacés nada.
—No te entiendo. De verdad que no. ¿Realmente creés que nuestra amistad se mantiene porque me das regalitos? ¿Es eso para vos la amistad? ¿Regalos?
—No, mutuo entendimiento.
—¿Mutuo entendimiento? Ni siquiera entendés por qué es que le quiero dar esta moneda a mi novio. Para vos la amistad es una farsa.
—¿De qué carajo estás hablando?
—¿De qué hablo? Vos estás diciendo que te preocupás más por esta amistad que yo porque me regalás cosas a mí antes que a otras. Y eso es interés.
—¡¿Cómo va a ser interés regalarte cosas?!
—¿No lo es?
—¡No! ¡Si te regalo algo es porque te quiero!
—¿Si? Es raro, porque si realmente me dieras cosas porque me querés, no esperarías que yo hiciera lo mismo. A menos que me quieras solo por las cosas que te puedo llegar a dar o que te doy.
—No, no es así.
—¿Entonces por qué te quejás de que le preste cosas a Ximena o de que le dé cosas a mi novio? ¿Eh?
—Estás diciendo cualquiera, boluda.
—¿Segura? Entonces decime porqué te molesta tanto que no te de esta monedita de mierda a vos. ¿Soy tu mejor amiga siempre y cuando vos seas la mía? ¿Si no, soy una más? ¿Es eso?
—¿No me considerás tu mejor amiga?
—Tal vez hace algún tiempo, pero me di cuenta de cómo sos. Sos una interesada, una posesiva.
—¿Yo? ¿Interesada?
—Sí.
—¿Cómo puedo ser interesada si siempre te escucho aunque vos no me escuches a mí? ¿Cómo puedo ser interesada si siempre te hago regalos aunque vos a mí no me los hagas? ¿Eh?
—Justamente por eso. ¿O acaso pensás que esas cosas las hiciste desinteresadamente?
—Claro que las hice de forma desinteresada.
—¿Ah, sí? Yo creo que si así fuera, no utilizarías esas cosas en esta charla. Que no me las tirarías en cara.
—No lo hago, boluda. ¿Qué te pasa?
—¿No? Es raro pensé que lo estabas haciendo. Al parecer te escudás en esas acciones, lo que demuestra que si las hiciste fue solo para sentirte bien con vos misma y que yo no tenía nada que ver en el asunto.
—¿De qué estás hablando?
—De que te hubiera dado lo mismo yo que cualquier otra. Pensás que la amistad se basa en regalos o en escuchar problemas ajenos. Tal vez algo de eso haya, pero no de la manera en que vos lo hacés, ya que vos lo hacés por interés y no de corazón. Lo hacés porque en lo que vos llamás amistad jugás un papel y accionás como se espera que lo hagas, pero no de corazón. Solo me escuchás para después poder decirte a vos misma que sos una buena amiga. Si no te hago regalos no es porque no te quiera, es porque no hay nada que regalarte. A diferencia de vos, yo no regalo para figurar, si te regalo algo no es para que me aprecies a mí por dártelo, es porque sé que ese regalo es algo que te va a hacer feliz. Si escucho algo que tenés que decir no lo hago porque estoy obligada por ser tu amiga, lo hago porque me interesa. Pero no espero que vos entiendas eso.
—Entiendo, yo lo hago así.
—Entonces ¿por qué actuás como si la amistad fuera una obligación? Como si las cosas se tuvieran que hacer porque tenemos un titulo de amigas y no porque lo seamos. No sé, me parece que ya estoy harta de tu hipocresía. Si algún día te detenés unos minutos a pensar y lográs ver o entender lo que digo, llamame, si no, andate a la mierda.
—¡Espera! ¿Adónde vas? Todavía faltan como tres paradas.
—Prefiero caminar. Por cierto, tomá la monedita, estoy segura de que va a ser una buena forma de cumplir con tu papel de amiga.


