Culpable hasta que se demuestre lo contrario scaled

Persiguiendo a Villalba

Kolmann salió al frío de la calle; como siempre se entretuvo viendo el vapor que se formaba al respirar. Recordaba que cuando era más chico e iba a entrenar en pleno invierno, podía ver como el vapor se elevaba desde su piel y él quedaba fascinado mirándolo por el espejo. 

Caminó con pasos cortos y rápidos hacia el club de tenis. Según le había dicho sucliente, Villalba estaría dando clases. La idea era esperar afuera a que saliera y seguirlo desde lejos para ver que más hacía aparte de jugar tenis y vender seguros. 

Al custodio le gustaba su misión, más que el trabajo de cuidar a Roberto, que era de por sí poco emocionante. El hecho de haber jugado tenis con su objetivo dificultaba las cosas; Mauro era alto y fornido y no había muchos como él por la calle aunque por suerte el invierno disfrazaba a todos de ladrones de banco, por lo que se había puesto una campera con capucha para mantener su rostro lo más oculto posible. 

Se colocó en la vereda frente al club, cerca de la esquina. Se apoyó en la pared y simuló estar escribiendo en su celular tal y como Patricia hacía a toda hora desde que la conocía. Esperaba que la capucha ocultara la dirección en la que sus ojos miraban; también esperaba que Villalba saliera pronto o que no hubiese salido temprano.

Se dio cuenta de que tendría que haber llamado al club y preguntar por su objetivo para asegurarse de que estuviera, pero ya era tarde, estaba ahí y lo único que le quedaba era esperar y estar atento. Puso en el celular un juego de damas que se había bajado para practicar y así ganarle a Roberto. Levantaba la mirada cada dos o tres segundos esperando ver salir a Villalba del club. En el juego su adversario electrónico estaba por coronar una ficha y se quedó mirando la pantalla, intentando encontrar la manera de minimizar el daño que iba a sufrir. Sabía que el juego estaba perdido pero le gustaba resistir hasta el final.

Cuando alzó la vista vio a Villalba salir del club. Llevaba una gorra roja con visera, una campera tipo náutica y pantalones de gimnasia  color gris. Caminaba rápido hacia 9 de Julio con las manos en los bolsillos. 

Kolmann lo vio alejarse y se quedó paralizado por un segundo. Después guardó su celular con tanto apuro que estuvo a punto de perderlo, y se lanzó a su persecución a pie. Sabía que no tenía que acercarse mucho, pero tampoco podía permitir que se alejara demasiado. Marcó una distancia de más o menos media cuadra. Cada vez que Villalba llegaba a una esquina tenía miedo de que doblara y perderlo de vista.  

No estaba seguro de cuál era el sentido de seguirlo; si tenía una amante era lo lógico pero para saber si andaba en algo raro o ilegal, era muy improbable que sucediera en la calle. De todas formas lo siguió sintiéndose lleno de emoción, un poco sorprendido por lo fácil que resultaba seguir a alguien. Gabriel Villalba caminaba sin voltear más que para mirar a los lados antes de cruzar. Cada vez que un semáforo lo detenía Mauro caminaba un poco más lento.

Villalba llegó a la avenida, el custodio se dio cuenta de a dónde se dirigía y empezó a apurar el paso por temor a perderlo.

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