Culpable hasta que se demuestre lo contrario scaled

Un plan simple

Mauro estaba sentado en el sofá con el mentón apoyado en los puños, miraba a Roberto ir y venir con una gran sonrisa en la cara.

—Estaba pensando en mi infancia —dijo el viejo frenando un segundo.

“Buena memoria”, casi respondió Kolmann, pero mantuvo la boca cerrada, aun no sentía esa clase de confianza con su cliente. 

—Compartíamos habitación con mi hermano y solíamos tener todo tirado por todos lados. Un quilombo. No nos molestaba ni preocupaba excepto cuando nuestra madre daba señales de que pretendía entrar a ordenar un poco. —Guardó silencio con la mirada perdida como si estuviese reviviendo esa experiencia—. Cuando eso pasaba nos apurábamos para esconder mejor las cosas que nos podían meter en problemas. Revistas de minas desnudas, cigarrillos o lo que fuera. 

—Sí. A mí también me pasaba —asintió el custodio—. Pero, ¿qué tiene que ver eso con Villalba y su esposa?

—No podemos seguir a Villalba en secreto esperando que de casualidad se meta en un negocio fraudulento. Tenemos que cambiar nuestro enfoque.

—¿Cómo? ¿Le decimos que su mamá va a inspeccionarlo?

—Más o menos —dijo Roberto exhibiendo su sonrisa zorruna—. Pero no hay necesidad de llamar a nadie. Lo que tenemos que hacer es seguirlo, pero que se dé cuenta, que vea que lo estamos observando. 

—¿Ponerlo en alerta? 

—¡Claro! Algo así como un aviso de que lo están investigando —dijo Roberto y aplaudió—. Ponerlo nervioso. 

—¿Para qué? 

—Para obligarlo a guardar mejor sus revistas de chicas desnudas.

—¿Y queremos que sus secretos estén mejor guardados? —preguntó Mauro.

—Para desenterrar un tesoro primero hay que saber dónde está enterrado. 

La cara del custodio se iluminó unos segundos y volvió a ponerse serio. 

—Pero él no nos va a llevar a ningún tesoro. Digamos que cae en la trampa, lo más probable es que lo arregle todo desde su oficina. 

—Sí, por eso tenemos que clonar su teléfono —dijo Roberto—, que vendría a ser la parte más difícil del plan. 

—¿Si? ¿Te parece? —preguntó Mauro con sarcasmo. 

—Mañana me encargo de eso —respondió Roberto minimizando el asunto—. Solo espero que no haga sus chanchullos antes.

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